a decisión de la Comisión Europea de aprobar ayudas para la primera central nuclear de Polonia no es un hecho aislado, sino una señal clara del rumbo estratégico que toma la Unión Europea. Tras la crisis energética derivada de la guerra en Ucrania, Bruselas ha asumido que la seguridad energética y la soberanía tecnológica son inseparables. La energía nuclear regresa así al centro del debate como garantía de suministro estable, descarbonizado y competitivo. Francia lidera esta apuesta, mientras Polonia, República Checa o Rumanía impulsan nuevos proyectos, apoyados por el creciente interés en reactores modulares pequeños, llamados a complementar a unas renovables intermitentes. Esta capacidad firme resulta además clave para sostener el auge de los centros de datos y la inteligencia artificial.
En paralelo, la autonomía estratégica también se juega en el terreno militar. La entrada en servicio del nuevo submarino japonés con baterías de litio evidencia la evolución de una tecnología esencial en la guerra naval moderna. Silenciosos, persistentes y cada vez más difíciles de detectar, los submarinos siguen siendo un elemento disuasorio clave, incluso en un entorno saturado de drones y sensores.